Pues al colgar contigo...
un enorme agujero en mi pecho se metió, me recordé hablando y hablando mi frustración de extraño en mi tierra,
y tus palabras y tu tono salido de ahí, donde en ti hay carne y corazón y entrañas,
en mí, un agujero que me atraviesa.
Darse cuenta...
acá sin ti, acá en tu búsqueda, acá haciendo y empujando al mundo para encontrarte, apurándolo a rodar para que me toque a la vuelta volverte a chocar.
Con qué extraño fin entonces si ya te había encontrado te vuelvo a extraviar,
es extraño, no se con qué fin te extraño entonces?
Y la lluvia...
luego de lo extranjero, lo desconocido y la lluvia que no es solidaria,
esperé que escondiera mi desesperación de oculto en casa derramando mis aguas,
esta vez ignorante de mí no acudió.
Y las aguas, lágrimas, canales, ríos, arroyos, mares... apenas gotas, rocío.
Y la cabeza pensándote y el corazón sintiéndote y los ojos buscándote hambrientos de
manos recorriéndote, y al final de cuentas amándote.
Haciendo cada vez más grandes los espacios vacíos entre tú y yo para a besos al
chocarte llenarlos.
Haciéndoteme necesaria a puños de extrañarte, recordándome que el vacío en mi
pecho es de ausencia de ti.
Negándome tus palabras, tu presencia, tu olor, tus ojos, tus besos, tu amor.
Negándoteme para que no te me olvides, para permanecer en ti.
Rafael.
sábado, 12 de julio de 2008
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